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Escrito por Carlos Carvallo
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Jueves, 28 de Mayo de 2009 15:14 |
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Escrito por Carlos Carvallo
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Domingo, 22 de Noviembre de 2009 17:24 |

Tras la compra al fisco chileno en el año 1924 de los terrenos del salar de Miraje, por parte de Guggenheim Bros. Un ambicioso proyecto que revolucionaría la extracción del caliche estaba por formarse.
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Escrito por Carlos Carvallo
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Lunes, 23 de Noviembre de 2009 21:44 |
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Demonios y fantasmas, milagreros y bondadosas apariciones protagonizan las historias sobrenaturales que dan vida a una rica tradición de las salitreras de la Región de Antofagasta, Chile.
Aun cuando de la otrora poderosa industria calichera hoy en día sólo María Elena es la única oficina sobreviviente, numerosos relatos fantásticos originados en la pampa son recordados por los antiguos habitantes del desierto.
Estos, diseminados por el Norte Grande, mantienen vivas algunas narraciones marcadas por la inclemencia de un clima extremo y la dura existencia en los ahora desaparecidos cantones del salitre.
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Escrito por Carlos Carvallo
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Lunes, 23 de Noviembre de 2009 21:50 |
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Desde los cachuchos en la parte superior donde se procesaba el salitre, el “material estéril” era vaciado a los carros que lo llevaban a depositarlo en la “torta” (cerro de acopio).

Obreros salitreros en plena faena en los “ rajos”.
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Escrito por Carlos Carvallo
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Sábado, 28 de Noviembre de 2009 14:14 |
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Buscando un pedazo de la tan esquiva sombra que el sol se empeñaba en esconder y cansado de una larga y agotadora jornada de mi reencuentro con María Elena, al fin encontré un árbol donde poder descansar, pasaron veinte largos minutos en que cerré mis ojos y mis pensamientos comenzaron a volar, rápidamente los vuelvo a abrir, se me vino a la cabeza que me encontraba en un lugar conocido, una gruesa rama que creció hacia abajo me dio la pauta, ¡yo jugué aquí!, era mi viejo árbol, donde acampábamos por las tardes junto a un grupo de scout preparándonos para cumplir con nuestras pruebas, el mismo al que recurríamos para pololear o para ajustar cuentas de manera infantil, era “El Árbol Solitario”. Qué alegría, parte de mí volvía a ser un niño, mis ojos vidriados abrían la puerta de los recuerdos, de los propios y de las muchas personas con las que compartí en María Elena, mi oficina salitrera, el orgullo de saber que aún vive y que es única en el mundo entero.
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